Así
te imagino, tal cual te dibuja Daniel Paz, queriendo rajarte del
cielo, porque no es para vos, porque mucho te quedaba por hacer, porque
te aburre la calma, a vos Flaco del barro y la pelea, especialista en
limpiar el terreno y distraér a los nefastos, para que ella y otros
puedan seguir haciendo....
(Octubre 27.2012) a dos años de aquella mañana horrenda....
Termina este día que duele, pero riega ♥ por
él, con él , con ella y con nosotros....
No es un día más, imposible
sentirlo así...en los antes y después de la vida política al menos de
quien escribe hay un nombre y apellido "Néstor Kircher", a quien no dejo
de agradecer por la llave que abrió la puerta de los sueños que creímos
encerrados, quien dijo....
Transgredan,
sientan,digan, protesten, marquen aquello que no les gusta, sean
políticamente incorrectos, (eso no salía de ser algo bonito en el
discurso, pero no llevado a la práctica) hasta ese 25 de Mayo, en que la
historia cambió para seguir siendo escrita..
Dijiste flaco al momento de
jurar, "si así no lo hiciera, la patria me lo demande", te digo yo que
las demandas con vos se decretaron caducas....
Hay quienes siembran yuyos,otros las mejores
semilllas, los sembradores de viento, recogen tempestades..Los
sembradores de sueños,el amor de su pueblo y el respeto de muchos que
por lo bajo reconocen(que político!!!)...Esto va más allá de ser o no
ser, esto es la humildad de reconocer que cuando una buena semilla toca
el suelo, es imposible no ver ,el fruto...ante tanto tanto leído, escuchado y visto,
pensando en esta fecha y esa fecha, pensando que felices están alguno,
pero no por maldad, si por saberse inferiores y ante vos huecos de
contenido y de palabras, pensando que sería de este país, el nuestro...
si estuvieras , seguramente ahí si querrían
una reforma que por alguna trampa te impidiera volver a ser, porque sos
como el mejor Diego, "tenerte es robo" y no lo hubieran permitido,
pensando también que hubiera sido de nosotros y este país si reforzaba
los votos de primer vuelta, el in-nombrable, la rata de Anillaco quien
te gano y ahí es donde me digo -no entiendo a tantos argentinos-
Pensando en ese 2005 y Mar del Plata, donde todo
estaba listo para una cumbre de Presidentes... El Jefe del mundo( hasta ese
momento George Bush), se preparaba para llegar a imponer el ALCA, pero una
contra cumbre se preparaba también para no hacerle nada fácil la cosa, con Hugo
Chávez y Evo Morales a la cabeza.....acompañados por personalidades de todas
las disciplinas ...Estaba de presidente en mi país, un tal Néstor , vos!!! alguien a quien no seguía
demasiado, pero gozabas de mi simpatía desde tu ceremonia de asunción, me
gustaba tu manera de ser y como encarabas los temas, pero lo que nunca pensé es
que iba a ser testigo privilegiada del "destrato"....(según algunos
medios) por parte tuya, hacia el poderoso ,que llegaba para imponer condiciones
y partía con las manos vacías ...
De la derecha nada espero y nada quiero ,pero
a quienes tantote criticaron, esos que no te bancan y no te admiten una sola cosa positiva ,vendiendouna postura “izquierdosa” más que izquierdista, pero que saben no
tienen como refutar esto, les pido guarden
silencio por respeto a la historia que dicen defender!!...
Pensando mucho que decirte, pero sintiendo, cosa que con vos hago
siempre...No quiero
Lanatas,
no quiero Magnettos, ni Tn, ni Fontevecchia, Leuco, el PRO....No
quiero la Libertad de la Fragata CON BUITRES VOLANDO QUE LA
ACECHAN....
Ni el rejunte 8N para el cumple del genocida Astiz..
Te quiero a
vos sin que ninguno de ellos te ensucie, ni ensucie tu memoria...
Nos propusistes un sueño,
ahí vamos Flaco a seguir soñando!!!!!!!!!!!!!!!GRACIAS y HLVS *
(Claudia Meiss-Octubre 27,2012 a dos años de extrañarte!!!!)
Lo que sigue es para leer,1,10,100 veces...Para recordar,para
tener a mano enmarcar y sobre todo agradecer..."Discurso inolvidable de
Néstor Kirchner, al asumir como presidente de la nación"-
Señores jefes de Estado, su Alteza Real, señores jefes de Gobierno,
señores representantes de gobiernos extranjeros, invitados especiales,
que nos honran con su presencia en este lugar, señores miembros del
Congreso reunido en Asamblea, ciudadanas y ciudadanos presentes, querido
pueblo argentino:
En este acto, que en los términos del
artículo 93 de la Constitución de la Nación tiene por finalidad la toma
de posesión del cargo de Presidente de la Nación Argentina, para el que
he sido electo, creo que es necesario poder compartir con ustedes
algunas reflexiones, expresando los objetivos de gobierno y los ejes
directrices de gestión, para que el conjunto de la sociedad argentina
sepa hacia dónde vamos, y cada uno pueda a su vez aportar su
colaboración para la obtención de los fines que los argentinos deberemos
imponernos por encima de cualquier divisa partidaria.
Es que
nos planteamos construir prácticas colectivas de cooperación que superen
los discursos individuales de oposición. En los países civilizados con
democracias de fuerte intensidad, los adversarios discuten y disienten
cooperando. Por eso los convocamos a inventar el futuro. Venimos desde
el Sur del mundo y queremos fijar, junto a todos los argentinos,
prioridades nacionales y construir políticas de Estado a largo plazo,
para de esa manera crear futuro y generar tranquilidad. Sabemos adónde
vamos y sabemos adónde no queremos ir o volver.
El 27 de abril
las ciudadanas y los ciudadanos de nuestra Patria, en ejercicio de la
soberanía popular, se decidieron por el avance decidido hacia lo nuevo.
Dar vuelta una página de la historia no ha sido mérito de uno o varios
dirigentes. Ha sido, ante todo, una decisión consciente y colectiva de
la ciudadanía argentina.
El pueblo ha marcado una fuerte opción
por el futuro y el cambio. En el nivel de participación de aquella
jornada se advierte que, pensando diferente y respetando las
diversidades, la inmensa y absoluta mayoría de los argentinos queremos
lo mismo aunque pensemos distinto.
No es necesario hacer un
detallado repaso de nuestros males para saber que nuestro pasado está
pleno de fracasos, dolores, enfrentamientos, energías malgastadas en
luchas estériles, al punto de enfrentar seriamente a los dirigentes con
sus representados. Al punto de enfrentar seriamente a los argentinos
entre sí.
En esas condiciones debe quedarnos absolutamente
claro que en la República Argentina, para poder tener futuro y no
repetir nuestro pasado, necesitamos enfrentar con plenitud el desafío
del cambio.
Por mandato popular, por comprensión histórica y
por decisión política ésta es la oportunidad de la transformación, del
cambio cultural y moral que demanda la hora. Cambio es el nombre del
futuro.
No debemos ni podemos conformarnos los argentinos con
haber elegido un nuevo gobierno. No debe la dirigencia política agotar
su programa en la obtención de un triunfo electoral. Sino que por el
contrario, de lo que se trata es de cambiar los paradigmas desde los que
se analiza el éxito o el fracaso de una dirigencia y de un país.
A comienzos de los ochenta se puso el acento en el mantenimiento de las
reglas de la democracia y los objetivos planteados no iban más allá del
aseguramiento de la subordinación real de las fuerzas armadas al poder
político. La medida del éxito de aquella etapa histórica no exigía ir
más allá de la preservación del estado de derecho, la continuidad de las
autoridades elegidas por el pueblo. Así se destacaba como avance
significativo y prueba de mayor eficacia, la simple alternancia de
distintos partidos en el poder.
En la década de los noventa, la
exigencia sumó la necesidad de la obtención de avances en materia
económica, en particular en materia de control de la inflación.
La medida del éxito de esa política la daban las ganancias de los
grupos más concentrados de la economía, la ausencia de corridas
bursátiles y la magnitud de las inversiones especulativas, sin que
importaran la consolidación de la pobreza y la condena a millones de
argentinos a la exclusión social, la fragmentación nacional y el enorme e
interminable endeudamiento externo.
Así, en una práctica que no debe repetirse, era muy difícil distinguir la solución pragmática de la cirugía sin anestesia.
Se intentó reducir la política a la sola obtención de resultados
electorales; el gobierno, a la mera administración de las decisiones de
los núcleos de poder económico con amplio eco mediático, al punto que
algunas fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en términos de
una gestión más prolija pero siempre en sintonía con aquellos mismos
intereses.
El resultado no podía ser otro que el incremento del desprestigio de la política y el derrumbe del país.
En este nuevo milenio, superando el pasado, el éxito de las políticas
deberá medirse bajo otros parámetros, en orden a nuevos paradigmas.
Debe juzgárselas desde su acercamiento a la finalidad de concretar el
bien común, sumando al funcionamiento pleno del estado de derecho y la
vigencia de una efectiva democracia, la correcta gestión del gobierno y
el efectivo ejercicio del poder político nacional en cumplimiento de
transparentes y racionales reglas, imponiendo la capacidad reguladora
del Estado ejercida por sus organismos de contralor y aplicación.
El cambio implica medir el éxito o el fracaso de la dirigencia desde
otra perspectiva. Discursos, diagnósticos sobre las crisis, no bastarán
ni serán suficientes. Se analizarán conductas y los resultados de las
acciones. El éxito se medirá desde la capacidad y la decisión y la
eficacia para encarar los cambios.
Concluye en la Argentina una
forma de hacer política y un modo de gestionar el Estado. Colapsó el
ciclo de anuncios grandilocuentes, grandes planes seguidos de la
frustración por la ausencia de resultados y su consecuencia, la
desilusión constante, la desesperanza permanente. En esta nueva lógica,
que no sólo es funcional sino también conceptual, la gestión se
construye día a día, en el trabajo diario, en la acción cotidiana, que
nos permitirán ir mensurando los niveles de avance. Un gobierno no debe
distinguirse por los discursos de sus funcionarios, sino por las
acciones de sus equipos.
Deben encararse los cambios con
decisión y coraje, avanzando sin pausas, pero sin depositar la confianza
en jugadas mágicas o salvadoras, ni en genialidades aisladas. Se trata
de cambiar, no de destruir. Se trata de sumar cambios, no de dividir.
Cambiar importa aprovechar las diversidades sin anularlas. Se necesitará
mucho trabajo y esfuerzo plural, diverso y transversal a los
alineamientos partidarios.
Hay que reconciliar a la política, a las instituciones y al gobierno, con la sociedad.
Por eso nadie piense que las cosas cambiarán de un día para el otro y
sólo porque se declame. Un cambio que pueda consolidarse necesitará de
la sumatoria de hechos cotidianos que en su persistencia derroten
cualquier inmovilismo y un compromiso activo de la sociedad en ese
cambio. Ningún dirigente, ningún gobernante, por más capaz que sea puede
cambiar las cosas si no hay una ciudadanía dispuesta a participar
activamente en ese cambio.
Desarmados de egoísmos individuales o
sectoriales, las conciencias y los actos deben encontrarse en el amplio
espacio común de un proyecto nacional que nos contenga. Un espacio
donde desde muchas ideas pueda contribuirse a una finalidad común.
En nuestro proyecto ubicamos en un lugar central la idea de reconstruir
un capitalismo nacional que genere las alternativas que permitan
reinstalar la movilidad social ascendente. No se trata de cerrarse al
mundo. No es un problema de nacionalismo ultramontano, sino de
inteligencia, observación y compromiso con la Nación. Basta ver cómo los
países más desarrollados protegen a sus productores, a sus industrias y
a sus trabajadores.
Se trata, entonces, de hacer nacer una
Argentina con progreso social, donde los hijos puedan aspirar a vivir
mejor que sus padres sobre la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo.
Para eso es preciso promover políticas activas que permitan el
desarrollo y el crecimiento económico del país, la generación de nuevos
puestos de trabajo y una mejor y más justa distribución del ingreso.
Como se comprenderá el Estado cobra en eso un papel principal, es que la
presencia o la ausencia del Estado constituye toda una actitud
política.
Por supuesto, no se trata de poner en marcha una vez
mas movimientos pendulares que vayan desde un Estado omnipresente y
aplastante de la actividad privada, a un Estado desertor y ausente, para
retornar continuamente de extremo a extremo, en lo que parece ser una
auténtica manía nacional que nos impide encontrar los justos, sensatos y
necesarios equilibrios.
Se trata de tener lo necesario para nuestro desarrollo, en una reingeniería que nos permita contar con un Estado inteligente.
Queremos recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social
que nos permitan cambiar nuestra realidad actual para avanzar hacia la
construcción de una sociedad más equilibrada, más madura y más justa.
Sabemos que el mercado organiza económicamente pero no articula
socialmente, debemos hacer que el Estado ponga igualdad allí donde el
mercado excluye y abandona.
Es el Estado el que debe actuar
como el gran reparador de las desigualdades sociales en un trabajo
permanente de inclusión y creando oportunidades a partir del
fortalecimiento de la posibilidad de acceso a la educación, la salud, y
la vivienda, promoviendo el progreso social basado en el esfuerzo y el
trabajo de cada uno.
Es el Estado el que debe viabilizar los
derechos constitucionales, protegiendo a los sectores más vulnerables de
la sociedad, es decir, los trabajadores, los jubilados, los
pensionados, los usuarios y los consumidores.
Actuaremos como
lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres y mujeres comunes que
quieren estar a la altura de las circunstancias asumiendo con
dedicación las grandes responsabilidades que en representación del
pueblo se nos confieren. Estamos dispuestos a encarar junto a la
sociedad todas las reformas necesarias y para ello también utilizaremos
los instrumentos que la Constitución y las leyes contemplan para
construir y expresar la voluntad popular. Vamos a apoyarnos en la
Constitución para construir una nueva legitimidad de las leyes, que vaya
más allá de la prepotencia del más fuerte. Un Estado no puede tener
legitimidad si su pueblo no ratifica el fundamento primario de sus
gobernantes. De la misma manera que luchamos contra la pobreza económica
tendremos una conducta sin dobleces para impedir la pobreza cívica.
Sólo cuando el gobierno se desentiende del pueblo es que toda la
sociedad empobrece, no sólo económicamente sino moral y culturalmente.
Somos conscientes de que ninguna de esas reformas será productiva y
duradera si no creamos las condiciones para generar un incremento de la
calidad institucional.
La calidad institucional supone el pleno
apego a las normas, en una Argentina que por momentos aparece ante el
mundo como un lugar donde la violación de las leyes no tiene castigo
legal ni social. A la Constitución hay que leerla completa. La seguridad
jurídica debe ser para todos, no sólo para los que tienen poder o
dinero.
No habrá cambio confiable si permitimos la subsistencia
de ámbitos de impunidad. Una garantía de que la lucha contra la
corrupción y la impunidad será implacable, fortalecerá las instituciones
sobre la base de eliminar toda posible sospecha sobre ellas. Rechazamos
de plano la identificación entre gobernabilidad e impunidad que algunos
pretenden. Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de impunidad.
Gobernabilidad no es ni puede ser sinónimo de acuerdos oscuros,
manipulación política de las instituciones o pactos espurios a espaldas
de la sociedad.
Este combate es una tarea conjunta del Poder
Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial, pero también de la sociedad
porque no podemos ignorar que es de esa misma sociedad de donde
provienen los hombres y mujeres que integran las instituciones públicas y
privadas.
Cambio responsable, calidad institucional,
fortalecimiento del rol de las instituciones con apego a la Constitución
y a la ley y fuerte lucha contra la impunidad y la corrupción deben
presidir no sólo los actos del gobierno que comenzaremos sino toda la
vida institucional y social de la República.
Queremos ser la
generación de argentinos que reinstale la movilidad social ascendente,
pero que también promueva el cambio cultural y moral que implica el
respeto a las normas y a las leyes.
En este marco conceptual
queremos expresar los ejes directrices en materia de relaciones
internacionales, manejo de la economía, los procesos de la salud, la
educación, la contención social a desocupados y familias en riesgo y los
problemas que plantean la seguridad y la justicia en una sociedad
democrática.
Profundizar la contención social a las familias en
riesgo, garantizando subsidios al desempleo y asistencia alimentaria.
Consolidando una verdadera red federal de políticas sociales integrales
para que quienes se encuentran por debajo de la línea de pobreza puedan
tener acceso a la educación, la salud pública y la vivienda.
Reinstalar la movilidad social ascendente que caracterizó a la República
Argentina requiere comprender que los problemas de la pobreza no se
solucionan desde las políticas sociales sino desde las políticas
económicas. Sabemos que hay que corregir errores y mejorar métodos en la
forma de asignación de la ayuda social. Pero es imprescindible advertir
que la tragedia cívica del clientelismo político no es producto de la
asistencia social como gestión del Estado, sino de la desocupación como
consecuencia de un modelo económico. En nuestro país la aparición de la
figura del cliente político es coetánea con la del desocupado
Mientras en la República Argentina hubo trabajo, nadie fue rehén de un dirigente partidario.
Al drama de la desaparición del trabajo y el esfuerzo como el gran
articulador social, se sumó el derrumbe de la educación argentina.
No hay un factor mayor de cohesión y desarrollo humano que promueva más
la inclusión que el aseguramiento de las condiciones para el acceso a
la educación, formidable herramienta que construye identidad nacional y
unidad cultural, presupuestos básicos de cualquier país que quiera ser
Nación.
Una sociedad como la que queremos promover debe basarse
en el conocimiento y en el acceso de todos a ese conocimiento. La
situación de la educación argentina revela dos datos vinculados a su
problema central, que es la calidad de la enseñanza. Por un lado, una
creciente anarquía educativa, y por el otro, la crisis de los sistemas
de formación docente. Ambos afectan severamente la igualdad educativa.
El último sistema nacional de formación docente fue el de nuestras
viejas y queridas maestras normales. Criticado por enciclopedista,
memorista y repetitivo, pero nuestra generación fue la última formada en
esa escuela pública y la calidad de la educación era superior a la que
hoy tenemos.
Aquel viejo sistema no fue suplantado por otro. Por si
esto fuera poco, se le agregó con muy buena intención, pero con
resultado dudoso, lo que quiso ser la federalización de la educación. Se
trató de lograr autonomía, objetivo con el que estamos de acuerdo, pero
se terminó en un grado cierto de anarquía en los contenidos
curriculares y en los sistemas funcionales. La igualdad educativa es,
para nosotros, un principio irrenunciable, no sólo como actitud ética
sino esencialmente como responsabilidad institucional. Debemos
garantizar que un chico del Norte argentino tenga la misma calidad
educativa que un alumno de la Capital Federal.
Es correcto que
las provincias dirijan y administren el sistema de prestación del
servicio educativo, pero el Estado nacional debe recuperar su rol en
materia de planificación y contenidos de la educación y sistemas de
formación y evaluación docente. Garantizar la igualdad educativa de
norte a sur es aportar a la formación de una verdadera conciencia e
identidad nacional.
En el campo de la salud, el Estado asumirá
un rol articulador y regulador de la salud pública integral sumando los
esfuerzos de los subsectores públicos provinciales y nacionales,
privados y de obras sociales, orientado a consolidar las acciones que
posibiliten generar accesibilidad a las prestaciones médicas y a
los medicamentos para toda la población.
La ley de prescripción por el nombre genérico de los medicamentos
recientemente reglamentada será aplicada con todo vigor y el Programa
Remediar, de gratuita distribución de medicamentos ambulatorios,
continuará.
Es objetivo de gobierno concretar un Sistema
Nacional de Salud, que se consolidará en una red en la que el hospital
público será un eje referencial, con los demás centros de salud,
públicos o privados, para ser pilares estratégicos de la atención
primaria de salud, integrándose con las políticas de contención social
para avanzar en la tarea de prevención.
El objetivo de dar
salud a los argentinos impone que se asuman políticas de Estado que sean
impermeables a las presiones interesadas, por poderosas que sean,
provengan de donde provengan.
Entre los fundamentales e
insustituibles roles del Estado ubicamos los de ejercer el monopolio de
la fuerza y combatir cualquier forma de impunidad del delito, para
lograr seguridad ciudadana y justicia en una sociedad democrática en la
que se respeten los derechos humanos.
El cumplimiento estricto de la
ley que exigiremos en todos los ámbitos debe tener presente las
circunstancias sociales y económicas que han llevado al incremento de
los delitos en función directa del crecimiento de la exclusión, la
marginalidad y la crisis que recorren todos los peldaños de la sociedad.
Pero también hay que comprender que, como sociedad, hace tiempo que
carecemos de un sistema de premios y castigos. En lo penal, en lo
impositivo, en lo económico, en lo político, y hasta en lo verbal, hay
impunidad en la Argentina. En nuestro país, cumplir la ley no tiene
premio ni reconocimiento social.
En materia de seguridad no
debe descargarse sólo sobre la policía la responsabilidad de la
detección de las situaciones de riesgo que sirven de base al desarrollo
de la delincuencia. Son el Estado y la sociedad en su conjunto los que
deben actuar participativa y coordinadamente para la prevención,
detección, represión y castigo de la actividad ilegal.
Una
sociedad con elevados índices de desigualdad, empobrecimiento,
desintegración familiar, falta de fe y horizontes para la juventud, con
impunidad e irresponsabilidad, siempre será escenario de altos niveles
de inseguridad y violencia.
Una sociedad dedicada a la
producción y proveedora de empleos dignos para todos resultará un
indispensable apoyo para el combate contra el delito.
Para
comprender la problemática de la seguridad y encontrar soluciones no
sólo se debe leer el Código Penal, hay que leer también la Constitución
Nacional en sus artículos 14 y 14 bis, cuando establecen como derechos
de todos los habitantes de la Nación el derecho al trabajo, a la
retribución justa, a las condiciones dignas y equitativas de labor, a
las jubilaciones y pensiones móviles, al seguro social obligatorio, a la
compensación económica familiar y al acceso a una vivienda digna, entre
otros.
El Estado debe ser esclavo de la ley para enfrentar el
delito, pero no puede aceptar extorsiones de nadie, ni de quienes
aprovechan una posición de fuerza en cualquiera de los poderes del
Estado o en la economía, ni de quienes usan la necesidad de los pobres
para fines partidistas.
La paz social, el respeto a la ley, a la defensa de la vida y la dignidad son derechos inalienables de todos los argentinos.
El delito es delito, sea de guante blanco, sea de naturaleza común, sea de mafias organizadas.
Gobernabilidad es garantizar la prestación de un servicio de justicia
próximo al ciudadano, con estándares de rendimiento, de eficiencia y de
equidad que garanticen una real seguridad jurídica para todos los
habitantes, cualquiera que sea su estatus económico o social
En
el plano de la economía es donde más se necesita que el Estado se
reconcilie con la sociedad. No puede ser una carga que termine agobiando
a todas las actividades, ni igualándolas hacia abajo con políticas de
ajuste permanente a los que menos tienen.
El objetivo básico de
la política económica será el de asegurar un crecimiento estable, que
permita una expansión de la actividad y del empleo constante, sin las
muy fuertes y bruscas oscilaciones de los últimos años.
El
resultado debe ser la duplicación de la riqueza cada quince años, y una
distribución tal que asegure una mejor distribución del ingreso y, muy
especialmente, que fortalezca nuestra clase media y que saque de la
pobreza extrema a todos los compatriotas.
Para alcanzar tales
objetivos respetaremos principios fundamentales que ayuden a consolidar
lo alcanzado y permitan los avances necesarios.
La sabia regla
de no gastar más de lo que entra debe observarse. El equilibrio fiscal
debe cuidarse. Eso implica más y mejor recaudación y eficiencia y
cuidado en el gasto. El equilibrio de las cuentas públicas, tanto de la
Nación como de las provincias, es fundamental.
El país no puede
continuar cubriendo déficit por la vía del endeudamiento permanente ni
puede recurrir a la emisión de moneda sin control, haciendo correr
riesgos inflacionarios que siempre terminan afectando a los sectores de
menores ingresos.
Ese equilibrio fiscal tan importante deberá
asentarse sobre dos pilares: gasto controlado y eficiente e impuestos
que premien la inversión y la creación de empleo y que recaigan allí
donde hay real capacidad contributiva.
Mantenimiento del equilibrio
fiscal y trajes a rayas para los grandes evasores, en la seguridad de
que si imponemos correctamente a los poderosos el resto del país se
disciplinará.
Terminaremos con la Argentina donde el hilo se
corta por lo más delgado y en eso actuaremos con energía, porque no es
posible una economía sin esfuerzo y no alcanzará para ayudar a los
desprotegidos si no hay cumplimiento impositivo. Quien no cumple sus
obligaciones impositivas le resta posibilidades de ascenso social a los
demás. La evasión es la contracara de la solidaridad social que
exigiremos.
Debemos asegurar la existencia de un país normal,
sin sobresaltos, con el sector público y el sector privado cada uno en
sus respectivos roles. Hay que dotar a la República Argentina de buena
administración, gobernabilidad, estabilidad con inclusión y progreso
social, y competitividad.
Con equilibrio fiscal, la ausencia de
rigidez cambiaria, el mantenimiento de un sistema de flotación con
política macroeconómica de largo plazo determinada en función del ciclo
de crecimiento, el mantenimiento del superávit primario y la continuidad
del superávit comercial externo, nos harán crecer en función directa de
la recuperación del consumo, de la inversión y de las exportaciones.
Sabemos que la capacidad de ahorro local y, por ende, el financiamiento
local, es central en todo proceso de crecimiento sostenido. Ello
requiere estabilidad de precios, entidades financieras sólidas y
volcadas a prestar al sector privado -personas y empresas-, con
eficiencia operativa y tasas razonables.
El desarrollo del
mercado de capitales con nuevos instrumentos, con transparencia, con
seguridad, es fundamental para recuperar la capacidad de ahorro y para
alejarnos definitivamente de las crisis financieras internas que en los
últimos 20 años han golpeado fuertemente y por tres veces a los
ahorristas y depositantes.
Los fondos externos deben ser
complementarios a este desarrollo de los mercados locales y su gran
atractivo está ligado a que sean fondos de inversión extranjera directa
-inversión productiva-, que no sólo aportan recursos sino también traen
aparejado progresos en la tecnología de procesos y productos.
Nuestro país debe estar abierto al mundo, pero abierto al mundo de una
manera realista, dispuesto a competir en el marco de políticas de
preferencia regional -fundamentalmente a través del MERCOSUR-, y de
políticas cambiarias flexibles acorde a nuestras productividades
relativas y a las circunstancias del contexto internacional.
El
crecimiento requerirá de una demanda creciente que aliente las
inversiones, tanto para atender el mercado interno como a las
exportaciones.
A contrario del modelo de ajuste permanente, el consumo interno estará en el centro de nuestra estrategia de expansión.
Precisamente para cumplir con esta idea de consumo en permanente
expansión, la capacidad de compra de nuestra población deberá crecer
progresivamente por efecto de salarios, por el número de personas
trabajando y por el número de horas trabajadas.
Esas tres
variables juntas definen la masa de recursos que irán al consumo y al
ahorro local y su evolución no puede ser fruto de una fantasía o de puro
voluntarismo.
En nuestro proyecto nacional trabajaremos de la única
manera seria que es crear un círculo virtuoso donde la masa de recursos
crece -crece si la producción crece- y la producción aumenta si también
lo hace la masa de recursos.
Avanzaremos simultáneamente en
forma cuidadosa y progresiva creando las condiciones para producir más y
distribuir lo que efectivamente se produzca.
Nuestras mejores
posibilidades se ubican en torno al avance de la calidad institucional
en el marco de una economía seria y creíble.
Trabajando en
torno a estos principios, sin espectacularidades ni brusquedad en el
cambio, seriamente, paso a paso, como cualquier país normal del mundo,
podremos cumplir con los objetivos y cumplir hacia adentro y hacia fuera
con nuestras obligaciones y compromisos.
Acortando los plazos,
el Estado se incorporará urgentemente como sujeto económico activo,
apuntando a la terminación de las obras públicas inconclusas, la
generación de trabajo genuino y la fuerte inversión en nuevas obras.
No se tratará de obras faraónicas, apuntaremos más a cubrir las
necesidades de vivienda y de infraestructura en sectores críticos de la
economía para mejorar la calidad de vida y a perfilar un país mas
competitivo, distribuyendo la inversión con criterio federal y
desarrollando nuestro perfil productivo.
Tenemos que volver a
planificar y ejecutar obra pública en la Argentina, para desmentir con
hechos el discurso único del neoliberalismo que las estigmatizó como
gasto público improductivo. No estamos inventando nada nuevo, los
Estados Unidos en la década del treinta superaron la crisis económico
financiera más profunda del siglo de esa manera.
La
construcción intensiva de viviendas, las obras de infraestructura vial y
ferroviaria, la mejor y moderna infraestructura hospitalaria, educativa
y de seguridad, perfilarán un país productivo en materia de industria
agroalimentaria, turismo, energía, minería, nuevas tecnologías,
transportes, y generará puestos de trabajo genuinos.
Produciremos cambios en el sistema impositivo para tornarlo progresivo,
lo que permitirá luego reducir alícuotas en función de la mejora en la
recaudación, ampliada como quedará la base imponible y eliminadas que
sean las exenciones no compatibles con la buena administración. Eso nos
dará solidez y solvencia fiscal.
Forma parte de nuestra
decisión cumplimentar con aquello que fue mandato constitucional del '94
y que lamentablemente hasta hoy no se ha cumplido. Darnos una nueva ley
de coparticipación federal no sólo implica nueva distribución y nuevas
responsabilidades sino el diseño de un nuevo modelo de país.
No
se puede recurrir al ajuste ni incrementar el endeudamiento. No se
puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los
argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad social.
La inviabilidad de ese viejo modelo puede ser advertida hasta por los
propios acreedores, que tienen que entender que sólo podrán cobrar si a
la Argentina le va bien.
Este modelo de producción, trabajo y
crecimiento sustentable y con reglas claras, generará recursos fiscales,
solvencia macroeconómica y sustentabilidad fiscal creando las
condiciones para generar nuevo y mayor valor agregado. Tiene además que
permitir negociar con racionalidad para lograr una reducción de la deuda
externa.
Este gobierno seguirá principios firmes de
negociación con los tenedores de deuda soberana en actual situación de
default, de manera inmediata y apuntando a tres objetivos: la reducción
de los montos de deuda, la reducción de las tasas de interés y la
ampliación de los plazos de madurez y vencimiento de los bonos.
Sabemos que nuestra deuda es un problema central. No se trata de no
cumplir, de no pagar. No somos el proyecto del default. Pero tampoco
podemos pagar a costa de que cada vez más argentinos vean postergados su
acceso a la vivienda digna, a un trabajo seguro, a la educación de sus
hijos, o a la salud.
Creciendo nuestra economía crecerá nuestra capacidad de pago.
En materia de defensa, actuaremos con un concepto integral de la
defensa nacional, integrando la contribución de la acción de nuestras
fuerzas armadas en pro del desarrollo, trabajando para su modernización e
impulsando la investigación científicotecnológica en coordinación con
otros organismos gubernamentales, para que, sin apartarse de su
actividad principal puedan contribuir al bienestar general de la
población.
Queremos a nuestras fuerzas armadas altamente
profesionalizadas, prestigiadas por el cumplimiento del rol que la
Constitución les confiere y por sobre todas las cosas, comprometidas con
el futuro y no con el pasado.
Desde este proyecto nacional la
República Argentina se integrará al mundo dando pasos concretos hacia
consensos políticos basados en el fortalecimiento del derecho
internacional, el respeto a nuestras convicciones, la historia y las
prioridades nacionales.
Partidarios en la política mundial de
la multilateralidad como somos, no debe esperarse de nosotros
alineamientos automáticos sino relaciones serias, maduras y racionales
que respeten las dignidades que los países tienen.
Nuestra
prioridad en política exterior será la construcción de una América
Latina políticamente estable, próspera y unida con base en los ideales
de democracia y justicia social.
Venimos desde el Sur de la
Patria, desde la tierra de la cultura malvinera y de los hielos
continentales, y sostendremos inclaudicablemente nuestro reclamo de
soberanía sobre las Islas Malvinas.
El MERCOSUR y la
integración latinoamericana deben ser parte de un verdadero proyecto
político regional. Nuestra alianza estratégica con el MERCOSUR, que debe
profundizarse hacia otros aspectos institucionales que deben acompañar
la integración económica, y ampliarse abarcando a nuevos miembros
latinoamericanos, se ubicará entre los primeros puntos de nuestra agenda
regional.
Una relación seria, amplia y madura con los Estados
Unidos de América y los Estados que componen la Unión Europea es lo que
debe esperarse de nosotros. El estrechamiento de vínculos con otras
naciones desarrolladas y con grandes naciones en desarrollo del oriente
lejano, y una participación en pro de la paz y la obtención de consensos
en ámbitos como la Organización de las Naciones Unidas para que
efectivamente se comprometa con eficacia en la promoción del desarrollo
social y económico ayudando al combate contra la pobreza.
La
lucha contra el terrorismo internacional que tan profundas y horribles
huellas ha dejado en la memoria del pueblo argentino, nos encontrará
dispuestos y atentos para lograr desterrarlo de entre los males que
sufre la humanidad.
La inserción comercial de la Argentina
ocupa un lugar central en la agenda de gobierno. Consolidar la política
comercial como una política de Estado permanente que trascienda la
duración de los mandatos de gobierno y cuente con la concurrencia del
sector privado, de la comunidad académica y de la sociedad civil en
general, será un objetivo estratégico de primer orden de esta
administración.
Profundizar la estrategia de apertura de
mercados, incrementar sustancialmente nuestro intercambio con el resto
del mundo. Diversificar exportaciones hacia bienes con mayor valor
agregado. Desconcentrar las ventas por destino y multiplicar el número
de exportadores de modo que los beneficios del comercio exterior se
derramen sobre todas las ramas productivas.
La apertura masiva de
nuevos mercados exige la negociación simultánea y permanente en todos
los foros de negociación que involucren a nuestro país.
Finalmente, no se trata de agotar en estas líneas la totalidad de los
cursos de acción que seguiremos. No creemos en los catálogos de buenas
intenciones. Queremos expresar el sentido y la dirección de las cosas
que haremos.
Se trata de abordar de una manera distinta los
principales temas, identificando adecuadamente los verdaderos problemas
de la agenda social con la finalidad de que el conjunto sepa cómo
ayudar, cómo sumar, cómo ayudar a corregir.
Pensando el mundo
en argentino, desde un modelo propio, este proyecto nacional que
expresamos convoca a todos y a cada uno de los ciudadanos argentinos,
por encima y por fuera de los alineamientos partidarios, a poner manos a
la obra en este trabajo de refundar la Patria.
Sabemos que
estamos ante un final de época. Atrás quedó el tiempo de los líderes
predestinados, los fundamentalistas, los mesiánicos. La Argentina
contemporánea se deberá reconocer y refundar en la integración de
equipos y grupos orgánicos, con capacidad para la convocatoria
transversal, el respeto por la diversidad y el cumplimiento de objetivos
comunes.
Tenemos testimonios de gestión y resultados. Somos
parte de esta nueva generación de argentinos que en forma abierta y
convocante, y desde la propuesta de un modelo argentino de producción,
trabajo y crecimiento sustentable llama al conjunto social para sumar,
no para dividir. Para avanzar y no para retroceder. En síntesis, para
ayudarnos mutuamente a construir una Argentina que nos contenga y nos
exprese como ciudadanos.
Convocamos al trabajo, al esfuerzo, a
la creatividad, para que nos hagamos cargo de nuestro futuro, para que
concretemos los cambios necesarios para forjar un país en serio, un país
normal, con esperanza y con optimismo.
Formo parte de una
generación diezmada. Castigada con dolorosas ausencias. Me sumé a las
luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso
dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada. No creo en el axioma de
que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo. Eso
constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo. Soñé toda mi
vida que éste, nuestro país, se podía cambiar para bien. Llegamos sin
rencores pero con memoria. Memoria no sólo de los errores y horrores del
otro. Sino que también es memoria sobre nuestras propias
equivocaciones.
Memoria sin rencor que es aprendizaje político, balance histórico y desafío actual de gestión.
Con la ayuda de Dios seguramente se podrá iniciar un nuevo tiempo, que
nos encuentre codo a codo en la lucha por lograr el progreso y la
inclusión social, poniéndole una bisagra a la historia
Con mis
verdades relativas -en las que creo profundamente- pero que sé, se deben
integrar con las de ustedes para producir frutos genuinos, espero la
ayuda de vuestro aporte. No he pedido ni solicitaré cheques en blanco.
Vengo en cambio a proponerles un sueño. Reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación.
Vengo a proponerles un sueño, que es la construcción de la verdad y la justicia.
Vengo a proponerles un sueño, el de volver a tener una Argentina con todos y para todos.
Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas
fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros. De nuestra
generación, que puso todo y dejó todo, pensando en un país de iguales.
Porque yo sé y estoy convencido que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos.
Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida. Quiero una
Argentina normal. Quiero que seamos un país serio. Pero además quiero
también un país más justo.
Anhelo que por este camino se levante a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación. La nuestra.
Muchas gracias. Viva la Patria -
(Néstor Kircher, 25 de Mayo,2003)
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Algo para verlo siempre y disfrutarlo...