El senador Sanz ,quien opina que la economía esta mal pero desea lo siga estando para
tener chances de cara a Octubre , porque de mejorar …”no sabe que puede pasar
en las próximas elecciones”, parece no
preocuparle ,que a SU
PRESIDENTE, y partido por el que está
ocupando una banca , lo haya tumbado un golpe económico asociado a lo más nefasto de
la política. ¿Va por emularlos? ,
asociado a aquellos que lo
hicieron, y bueno mientras no debilite su
pertenencia exclusiva al club de la derecha, quizás lo demás no importe …(cm)
(Esta nota del 2011 no tiene desperdicio
ni manera de no ligar este pasado a nuestro presente)
El secreto club de la derecha que reúne a
Carrió, Sanz y Martínez de Hoz.
Fue fundado en 1882 por Mariano Paunero
y nucleó a Julio Argentino Roca padre e hijo.
Se trata del Círculo de Armas. Funciona en plena calle
Corrientes, aunque nadie lo sabe. Brindaron con champán todos los golpes de
Estado, rechazan a los defensores de los Derechos Humanos y a las mujeres, con
excepciones.
A cuatro cuadras del obelisco funciona un club, que algunos llamarían
secta, y casi nadie conoce. No es religiosa, sino política. En Corrientes 671
se levanta un caserón estilo francés de dos pisos, con rejas negras, que
esconde al club social más golpista y reaccionario del país. Aquí, hace 80
años, brindaron por la caída de Hipólito Yrigoyen, bendijeron el modelo
agroexportador y festejaron todas las interrupciones democráticas posteriores.
El tradicional Círculo de Armas fue fundado en 1885. y sus mesas reunieron a
nefastos personajes que colaboraron en la debacle nacional: desde el abuelo del
actual diputado macrista, Federico Pinedo, hasta Julio Argentino Roca,
José Alfredo Martínez de Hoz y Carlos Pedro Blaquier.
A escasos 100 metros, en Florida 460, tiene sus oficinas la Sociedad Rural
Argentina, con la que comparte algo más que el vecindario. Los une la misma
historia, valores y hasta fundadores. De hecho, al menos seis apellidos
(Sundbland, Olivera, Mexía, Casares, Blaquier, Acosta) fueron presidentes de la
entidad ganadera y fundadores del Círculo de Armas.
A simple vista, no llama la atención. No hay carteles ni placas. Sólo las
iniciales doradas sobre una alfombra roja y el nombre de los arquitectos
tallado en la pared.
Un joven de impecable traje oscuro baja las escaleras y antes de retirarse le
devuelve una corbata celeste al hombre que custodia la puerta de entrada. Se la
había prestado para ingresar. Él es el encargado de pedir el carnet a los
socios. A los viejos conocidos, les hace una venia y los deja pasar. A los que
no identifica, los detiene en la puerta y les pregunta el apellido.
El guardián, calvo y de punta en blanco, filtra quién entra y quién no al club
donde se reúne lo más rancio y conservador de la sociedad porteña: desde
militares retirados hasta embajadores, pasando por políticos en actividad y
empresarios.
Aunque los diplomáticos que defienden las causas por los Derechos Humanos
tienen el rechazo del Círculo garantizado: el ex embajador en Francia,
Archibaldo Lanús, lo sufrió en carne propia cuando en 2004 le denegaron la
admisión por colaborar con la justicia argentina al prestarle la sede de la
embajada en París para tomar declaración a un acusado de delitos de lesa
humanidad. En diálogo con este diario, Lanús los criticó duramente: “Pensaron
que estaba cerca del gobierno de Kich-ner porque en ese momento había un auge
por la reapertura de los juicios. Son momios y pobre gente que se escudan en el
anonimato para expresar su resentimiento.”
“Sin traje y corbata aquí no se puede ingresar. Menos si no es socio”, repite
una y otra vez el custodio de traje blanco.
Hay un código de vestimenta que respetar: saco y corbata en los salones
principales, excepto para ir a las salas de deporte. Mujeres, abstenerse.
Si bien por teléfono informan que existen “nueve mesas para no socios y siete
para socios” y que se puede almorzar de lunes a viernes, la realidad cambia
cuando uno llega al lugar. Para cada reunión (más allá de ser socio) se debe
concertar cita y reservar un espacio en los eventos.
“‘Debe haber una confusión. Aquí sólo pueden pasar al comedor los socios o
gente que viene especialmente invitada por ellos. Y menos así vestido… hay que
venir bien arreglado, de traje y corbata’, explica la gerenta del lugar”,
aseguró a este cronista el hombre que hace de filtro.
En diálogo con Tiempo Argentino, un joven socio, que porta apellido ilustre y
pide reservar su identidad, reconoce que el hermetismo de lo que sucede puertas
adentro es total y explica la cuestión hereditaria: “Los hijos varones de cada
familia heredan el título de socio, pero si resulta que el perfil no es
conveniente para la reputación institucional, puede que no lo admitan y quede
invalidada su membresía.”
Si bien oficialmente figura inscripta como una asociación civil sin fines de
lucro dedicada a “servicios de organización, dirección y gestión de prácticas
deportivas y explotación de las instalaciones”, en realidad cumple un papel más
ideológico que recreativo.
De bajo perfil y camuflada bajo la práctica de la esgrima, el Círculo
funciona como un núcleo duro del poder político y económico. Sus propios
integrantes así lo confirman: “Es un club social, de reunión y lobby. Se
organizan muchas reuniones de trabajo, sobre todo del sector agropecuario y con
fines políticos”, confiesa otro socio que frecuenta sus pasillos. Y suele verse
almorzando a gran parte del abanico opositor y a los popes del establishment
local: por allí desfilaron Martín Redrado, Santiago de Estrada, Federico
Pinedo, Ernesto Sanz, Enrique Olivera, Ricardo López Murphy, Elisa Carrió,
Carlos Pedro Blaquier, Eduardo Constantini y Alejandro Bulgheroni.
La mayoría de estas figuras son invitadas a “intercambiar pareceres sobre
los destinos del país y el mundo”, afirma la misma fuente.
El club tiene un fuerte sesgo machista: las mujeres sólo pueden
ingresar como invitadas a ciertas reuniones y no se las acepta como
socias. La decisión obedece a una raíz histórica: los Paunero, la familia
fundadora, tenían un fuerte vínculo con la masonería de la época y estaban
inspirados en la filosofía de los clubes ingleses, que eran exclusivos para
caballeros.
Lo curioso es que a este particular club no le interesa tener nuevas
afiliaciones. Cuenta con 300 adherentes y el estatuto fija un límite: “El tope
es de 400 para mantener el perfil y la exclusividad que exige cada uno de
ellos”, relata a Tiempo un miembro que brinda su testimonio a cambio de
mantenerlo en el anonimato.
A pesar de que la historia oficial cuenta que el nombre Círculo de Armas
responde a la práctica deportiva de esgrima, por lo bajo dos socios afirman lo
contrario: “La mayoría de los fundadores eran generales y coroneles de
las tres fuerzas, y hasta hoy muchos de ellos forman parte del club.”
Sea cual fuere el origen, ser miembro del Círculo es casi una misión imposible,
ya que un severo proceso de selección se encarga de filtrar quién entra y quién
no. Si alguien quiere hacerlo, además de estar en condiciones de pagar cerca de
$ 700 mensuales, debe ser recomendado por cinco socios con antigüedad mayor a
dos años, cuya solicitud será sometida a votación de todos los miembros.
Previamente se exige enviar una carta de presentación dirigida al director. A
partir de allí, se evalúa el ingreso.
Como lo hacían las viejas logias, y aquí otra vez se deja ver la influencia
masónica, el procedimiento de selección es mediante bolillas blancas o negras.
¿Cómo funciona? Cada uno de los integrantes del círculo deposita su bolilla en
relación con determinado solicitante. Si todas resultan blancas, el postulante
es aceptado. Y por cada bolilla negra, el pretendiente debe lograr cinco
blancas. Si no lo logra, es automáticamente rechazado. Todo esto ocurre bajo la
estricta evaluación de los socios más antiguos.
El sectario club fundado por el abogado conservador Mariano Paunero, que cobija
en sus filas a la derecha procesista del país, tiene actividades reducidas pero
intensas: cuenta con una sala de juegos de azar donde hay mesas de paño y se
juega a las cartas, sobre todo al póker. Cuentan los viejos tertulianos que el
escritor Manuel Mujica Láinez perdía siempre y que “Julito”, el hijo del ex
presidente Julio Argentino Roca, era un jugador empedernido. También se puede
beber, disfrutar el sauna, comer, practicar squash, esgrima y hacer yoga. Es
famoso, además, por contar con acuerdos de reciprocidad con los clubes más
selectos del mundo.
Por sus alfombras pasaron el duque de Windsor, el escritor francés
Anatole France, todos los Martínez de Hoz, Marcelo T. de Alvear, Roque Sáenz
Peña y los recién mencionados Roca padre e hijo. Hasta lo visitaron el príncipe
Guillermo Alejandro de Holanda y su prometida, la argentina Máxima Zorreguieta.
Fueron a almorzar el jueves 8 de noviembre de 2001, tres meses antes de
contraer matrimonio. El vínculo con la entidad lo habría generado el padre de
la novia, Jorge Zorreguieta, ex secretario de Agricultura y Ganadería durante
el gobierno militar de Jorge Rafael Videla.
El auge y desarrollo de la entidad coincidió con la puesta en marcha del modelo
agroexportador que impulsó la Generación del ’80. Fue en esa década cuando la
élite empezó a nuclearse entre sí para disfrutar de actividades de recreación
como fútbol, rugby, criquet y carreras de caballos.
Al despuntar el siglo XX, la clase alta porteña comenzaba a mirarse cada vez
más en el espejo europeo y a participar de reuniones acotadas a su círculo
social.
Era el tiempo en que las familias patricias del país viajaban a Europa con la
vaca en la bodega de los barcos porque la calidad del ganado local era muy
superior. Sus hijos se divertían a bordo arrojando manteca al techo para ver
cómo resbalaban los mozos por el piso.
El primer golpe de Estado en la argentina moderna tuvo al Círculo de Armas como
uno de sus principales refugios intelectuales. Allí se reunían civiles y
militares para orquestar la interrupción democrática del segundo gobierno de
Hipólito Yrigoyen, inaugurando lo que se conoció como la Década Infame. Entre
las personalidades de entonces estaba el abuelo del actual diputado macrista
Federico Pinedo, luego ministro de Hacienda del gobierno de facto de Agustín P.
Justo y Leopoldo Melo, tristemente célebre por aplicar bajo su gestión al
frente del Ministerio del Interior el sistema de tortura y persecución a los
opositores.
El 6 de septiembre de 1930, el mismo día que el general José Félix Uriburu tomó
el poder por la fuerza, una multitud asaltó el domicilio particular de Hipólito
Yrigoyen y destruyó e incendió sus muebles y papeles particulares. Por la noche
hubo un banquete en el Círculo de Armas para festejar el triunfo. Todos
escucharon con atención a un Julio Argentino Roca (h) exultante, quien dos años
después sería vicepresidente del gobierno de facto de Agustín P. Justo: “Hoy he
vivido uno de los momentos más emocionantes de mi vida, solo, en un profundo
recogimiento, frente al espectro de mis mayores, que parecían vindicarse del
caudillo oscuro que les infirió el agravio de su barbarie.”
Aquel espíritu conservador, pro militar y antidemocrático se mantuvo
inalterable a lo largo del tiempo. Y son los actuales miembros del Círculo los
encargados de preservar la tradición y los ideales que dieron origen a la
institución. Sobre todo coinciden en exaltar un sentimiento que nació en los
’40 y se profundizó en los ’50: el odio visceral hacia el peronismo. La llegada
de este movimiento político, económico y social al poder no fue una buena
noticia para los que allí se reunían, a pesar del origen castrense de Perón.
Ellos añoraban el modelo agroexportador que los había llevado a tener un
estatus social equiparable a las más distinguidas familias del Viejo
Continente. Su proyecto de Nación iba a contramano del florecimiento de los
nuevos sindicatos impulsados por el auge de la industrialización del
país.
“Cómo habrán sido de fanáticos que, al principio, hasta al propio Martínez de
Hoz lo tildaban de industrialista”, cuenta un viejo conocedor de la historia
del Círculo, que vio allí cenar varias veces al ex ministro de Economía.
La primera sede estuvo ubicada en la calle Sarmiento, entre Florida y Maipú.
Pero la mudanza llegó pronto. Como los salones no fueron suficientes para
contener a todos los interesados en practicar deportes, en 1910 se iniciaron
las obras en la casa actual, dirigidas por el arquitecto Eduardo Sauze, que
finalizaron dos años después.
Los muebles y la decoración estuvieron a cargo de Hampton & Sons LD,
una de las firmas más prestigiosas del mundo, con sede en el corazón de
Londres, y aún hoy siguen intactos.
Se destacan los tapices cuzqueños del siglo XVIII, pinturas del XIX, fina
vajilla francesa y un lujoso mobiliario inglés y francés. Tiene un salón de
lectura, otro de juegos, un amplio bar, un comedor, canchas de squash,
gimnasio, biblioteca y cuatro dormitorios.
De ellos se enorgullece el actual titular del Círculo de Armas, Jorge
Otamendi, abogado egresado de la Universidad Católica Argentina y miembro del
Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires y de la Asociación Argentina
para la Protección de la Propiedad Industrial.
Como dato de color, en la parte más frívola del curriculum del actual titular,
figura que es suegro de la modelo Geraldine Neumann, hermana de Nicole: ya que
su hijo, Jorge, es músico y tiene dos hijos con la modelo.
En contraposición, en la parte más delicada de su vida laboral se destaca que
trabajó bajo las ordenes de José Alfredo Martínez de Hoz durante la dictadura
militar más sangrienta de la historia contemporánea argentina, ya que fue
asesor del secretario de Desarrollo Industrial entre 1979 y 1981, y asesor del
subsecretario de Economía, en 1982
Fuente :
Fernando Pittaro (elargentino.com)
Publicado el 17 de Abril de 2011